• Vestíbulo

    El vestíbulo, espacio de triple altura donde conviven la arquitectura y el arte, se abre con la presencia de los grandes momentos de la escultura: La piedad de Miguel Ángel Buonarroti, vaciada en bronce a partir de su original en mármol y las dos obras emblemática de Auguste Rodin, El pensador y La puerta del Infierno. 

    Única en América Latina, La puerta del Infierno se sumó al acervo de Museo Soumaya después de un largo itinerario que comenzó en 2012 entre el Ministerio de Cultura de Francia, el Museo Rodin de París, la casa fundidora Coubertin y Fundación Carlos Slim en México. Un año después comenzó su fundición, misma que terminó en el otoño de 2015. Con una pátina café claro, es la octava fundición de ocho.

    Frente a ella y en diálogo permanente, el último mural de Diego Rivera, Río Juchitán, y los emblemáticos El día y la noche y Naturaleza muerta de Rufino Tamayo, exploran el color y carácter de lo mexicano. 

    Se encuentran también en vestíbulo los espacios de reflexión y creación, la biblioteca infantil y nuestro auditorio que tiene una capacidad para 320 personas.

    En el mismo espacio es posible acceder a la Biblioteca Digital Telmex y visitar la tienda Sanborns.

     

  • Sala 1: De oro y plata: artes decorativas

    Los metales preciosos son en la historia del hombre materia prima de la confección de objetos suntuarios y han significado en muchos procesos el sello para enmarcar ritos, tradiciones y formas de la cotidianeidad. Una importante veta de estudio, resguardo y disfrute para la historia cultural es la que se ha creado con el aprecio de diversas piezas, cuyo cometido vincula  la funcionalidad y lo artístico. Esta sala plantea una visita que pone en valor obras confeccionadas para el adorno y ceremonia y que destacan en su factura. Realizaciones cuya estima tiene que ver con aspectos como la utilidad, la belleza y, más recientemente, el diseño.

    El recorrido dispone una serie de obras para la historia y estética: marfiles, miniaturas, mobiliarios religiosos, textiles, joyería, medallas, cristal de la Granja, cucharas, herrajes, relojes, plata pella, maquetas, cocos chocolateros, arquetas, entre otros. Un apartado especial lo integran los espacios dedicados a Maximiliano y Carlota, Porfirio Díaz y el correspondiente a las monedas y billetes de México, en cuya sección se aborda tanto la entidad económica como su proceso técnico y creativo. Una lectura que pondera los materiales y el mejor de sus destinos: la obra de arte.

    El dinero se estableció como patrón de valor para intercambiar bienes. En Europa se fabricó en fichas metálicas llamadas numismas o monedas desde el siglo VII a.C. Ha sido elemento esencial de las economías occidentales desde el siglo XVI, cuando el mercantilismo europeo comenzó a desplazar otras formas monetarias y comerciales en tierras americanas.

    En Nueva España se acuñaron monedas de Carlos y Juana, de cruz, macuquinas, columnarias y peluconas. Transacciones internacionales del siglo XVIII se realizaron con ellas debido a su buena calidad. Fueron moneda legal de pago también en otros virreinatos españoles y aún en Canadá y los Estados Unidos, incluso durante y después de la guerra de la Independencia de México –periodo en que decayó la labranza de numismas y se controló su exportación.

  • Sala 2: Asia en marfil

    Virtud personal y tender sin cesar a la perfección, fueron los mandatos de la filosofía confuciana que alentaron el trabajo de los artesanos asiáticos del marfil, la madera, el textil, la pintura y los enconchados de la muestra permanente Asia en marfil. La colección de Laura Fernández MacGregor fue donada a Fundación Carlos Slim en 2012. Más de seiscientas piezas se sumaron a los ejemplos virreinales que ya formaban parte del acervo de Museo Soumaya. El legado cultural y filosófico de Asia se transfiguró en Budismo, Hinduismo y Daoismo en marfil. El Buda histórico y los budas ideales. Los inmortales de la mitología china capaces de destruir el mal. Sabios, mandatarios, monjes, doncellas, nayikas o bailarinas celestes, niños… animales legendarios y simbólicos como dragones, fenghuang, elefantes, tortugas, quimeras o los curiosos perros de Fu (en chino, Fo) que quiere decir Buda.

    Están representadas las imágenes cristianas elaboradas con maestría y preciosismo asiático. Cristos que además de pigmentos férricos fueron decorados con sangre. Aparecen los encuentros y los desencuentros: la Virgen María y el Buda de la compasión (Guān Yïn); los mártires del Japón. También las imágenes de Oriente que nutrieron el imaginario occidental y dieron origen al Chinoiserie en biombos, lozas, textiles y mobiliario.

    Un viaje a través del tiempo, una mirada hacia Asia y un puente que comunica filosofía, historia, arte y cultura milenaria.

  • Sala 3: Antiguos Maestros Europeos y Novohispanos

    De autores de obras maestras para el arte occidental, que brillaron entre los siglos XIII y XIX, se han reunido las más sobresalientes escuelas europeas: la flamenca, la española, la germana, la italiana y la francesa, puestas en diálogo a través de sus influencias y carácter propio en nuestros Antiguos Maestros Novohispanos.

    Diversos temas fueron constantes en su producción religiosa: representaciones de la historia sagrada, escenas marianas y cristológicas, alegorías y pasajes de santos. Por otro lado, el género de retrato y la vida cotidiana, con portentosos ejemplos, todos de impecable maestría.

    Grandes pintores y artistas anónimos, quienes constituyen una reunión excepcional en «juego de espejo» entre las realidades europea y novohispana con obras que perduran en nuestra emoción. Para el esteta Ernst Gombrich: Dos realidades, dos cosmovisiones, dos sensibilidades y dos formas de desnudar la esencia convergen en el arte europeo y americano… ambos todavía en la cimentación de sus afortunadas y sorprendentes coincidencias.

  • Sala 4: Del Impresionismo a las Vanguardias

    El paisaje ha sido fuente de inspiración poética y costumbrista, siempre vinculado con la diversidad de latitudes, climas y regiones. Escenas que a veces también reflejan la vida cotidiana en diálogo con la naturaleza; donde el hombre se inserta como elemento primordial de la creación. En él se representa también la esencia del individuo, la conciencia del origen, la matriz de antiguas mitologías y tradiciones. En palabras del artista holandés Vincent van Gogh: […] No conozco mejor definición de la palabra arte que ésta: «El arte es el hombre añadido a la naturaleza».

    En el siglo XIX llegaron a México viajeros procedentes de distintos sitios del planeta atraídos por la abundancia y riqueza de este país. Fue así que registraron los nuevos escenarios bajo la sensibilidad romántica de la época. La pintura paisajística –de acuerdo con Barbara Eschenburg– desarrolló un meticuloso estudio de los detalles de la naturaleza y un interés […] por las manifestaciones fugaces generadas por la luz y por las influencias atmosféricas.

    El Impresionismo por su parte hizo énfasis en la luminosidad de cada paraje. Las obras realizadas en plein air se insertaban en el género de paisaje moderno. La figura palpitante bajo la luz; el cromatismo intenso y la pincelada libre; la eliminación del dibujo contorno y el estímulo efímero de los breves instantes, serían las directrices de la pintura de paisaje del último tercio del siglo XIX en búsqueda del anhelado arte por el arte. 1905 marcó el año de las Vanguardias. Para el investigador Mario De Micheli […] era la fascinación de una visión nueva […] espejo de un alma colectiva libre de todo vínculo de esclavitud civil […] Los artistas de vanguardia […] reflejaban todas las razones de la rebelión contra la cultura, los cánones y los convencionalismos.

  • Sala 6: La Era de Rodin

    Nuevas adquisiciones. 

    Un recorrido por la Era de Rodin nos lleva por sus proyectos más importantes; los mitos y alegorías que resignificaron las fuentes clásicas; la fragmentación y el movimiento donde se aprecia su ímpetu vanguardista; y su legado que se manifiesta en el aliento que formó a nuevas generaciones. En palabras del artista: Mi corazón es una capilla ardiente. […] Retomo mi pasado… esos estudios deliciosos que me han brindado el gusto y el secreto de la vida. ¿A quién debo este favor? Sin duda, a los largos paseos que me han hecho descubrir el cielo…, al modelado terreno que, sin hablar, por así decirlo, ha hecho nacer mi entusiasmo y mi paciencia y mi curiosidad y mi gozo de comprender la flor humana.

    A mediados del siglo XIX, la Academia y el gobierno francés organizaban exposiciones anuales llamadas Salones. Historia antigua, mitologías y alegorías abrazaban en pintura y escultura el Neoclasicismo.

    Auguste Rodin había sido rechazado en la Academia de Bellas Artes y se formó en la Petite École, una escuela de diseño y matemáticas. Aspiraba a ser reconocido como artista y presentó al jurado, sin éxito, El hombre de la nariz rota en el Salón de 1865. Trabajó con Carrier-Belleuse en la fábrica de porcelana de Sèvres y, en Bélgica, se asoció con Antoine-Joseph van Rasbourgh, para desarrollar esculturas decorativas.

    A la luz de Jean-Baptiste Carpeaux, célebre diseñador del conjunto escultórico La danza de la Ópera de París, y de la anatomía escultórica de Miguel Ángel, Rodin decantaría su estilo. Con La puerta del Infierno, su primera comisión pública, contribuyó a vestir a la Tercera República Francesa y a introducir nuevas formas del arte moderno.

     



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